post-operatorio: el rol del esteticista después de una cirugía

Cuando un paciente opta por someterse a una operación de cirugía estética, la colaboración entre su médico y su esteticista resulta esencial: preparar la piel y el cuerpo con anterioridad facilita la operación, y la recuperación siempre es más rápida y efectiva con los tratamientos adecuados, mejorando y alargando los resultados logrados.

Debido a la absorción de grasa mediante cánulas del tejido subcutáneo, se producen diversas lesiones en los vasos sanguíneos y linfáticos, produciendo así un edema postquirúrgico considerable que se puede mejorar con el protocolo para la recuperación postoperatorio de su cirugía. A continuación desarrollamos algunos de los tratamientos estéticos más adecuados para complementar algunas de las operaciones estéticas más populares.

Cirugía mamaria

La cirugía mamaria es la intervención más común entre las mujeres, ya sea una mamoplastia de aumento, una reducción mamaria o una pexia (levantamiento de pechos caídos). Sea cual sea su abordaje quirúrgico, se produce rotura de distintos tejidos (glandulares, musculares y cutáneos) y alteración de la irrigación sanguínea tras la electrocoagulación de los pequeños vasos sangrantes durante la intervención.

El tratamiento postoperatorio va encaminado a la reabsorción y evacuación del edema postquirúrgico mamario, el cual se acumula alrededor de las mamas y provoca una tensión muy molesta para la paciente. Inmediatamente después de la cirugí­a, cuando el cirujano así­ lo considere, se iniciará tratamiento con drenaje linfático manual, realizando finos movimientos en lugares muy concretos de la anatomí­a de la mama y de la axila. Con estos drenajes conseguiremos desaturar el sistema linfático de sustancias de desecho, así­ como favorecer la eliminación de los fármacos utilizados durante la cirugí­a, pero nunca realizaremos ni masaje ni movilización de prótesis en el postoperatorio inmediato.

Abdominoplastia

La cirugí­a del abdomen es un procedimiento quirúrgico complejo de reconstrucción de la pared abdominal, que consta de la eliminación del exceso de piel y grasa (dermolipectomí­a), reposición de los músculos rectos anteriores de la pared abdominal, cierre cutáneo a nivel infraabdominal y recolocación del ombligo. Se puede acompañar de la liposucción de los flancos en caso de que sea necesario. Al ser una cirugí­a de cierta complejidad se lleva a cabo con anestesia general.

En cuanto al tratamiento postquirúrgico, hoy en dí­a ya no se entiende la abdominoplastia sin un tratamiento posterior de drenajes linfáticos, que pueden ser manuales o mecanizados. Se recomienda comenzar a los 15-20 dí­as después de la cirugí­a, y realizar primero drenajes linfáticos manuales, debido a la inflamación y mayor sensibilidad de la zona que hay inmediatamente después de la cirugí­a. De esta manera se consigue la activación del lí­quido acumulado en los tejidos, mejorando así­ el edema y la inflamación posterior, y creando una sensación de bienestar gracias al efecto neurosedante de este tratamiento. Pasados dos meses se puede seguir con los drenajes manuales o pasar a la presoterapia, que realiza un drenaje linfático mecanizado mediante unas botas neumáticas que van realizando presión a diferentes niveles, consiguiendo también la eliminación del lí­quido acumulado. Para acelerar la cicatrización y mejorar el aspecto de las cicatrices, se recomienda un tratamiento tópico con cremas regenerantes-reestructurantes cutáneas hasta seis meses después de la cirugí­a.

Liposucción

Es una técnica quirúrgica utilizada para eliminar depósitos de grasa localizados en determinadas zonas del cuerpo, tales como abdomen, nalgas, caderas, muslos, rodillas, tobillos, brazos, cuello y mejillas, que no responden a dietas ni a ejercicio.

Tras la intervención, es habitual la aparición de fibrosis, sobre todo en los puntos donde se introduce la cánula. Esta fibrosis puede ser debida tanto al edema o hematoma como a la posible necrosis de grasa que no se haya llegado a extraer, o a la formación de túneles donde se organiza tejido cicatricial. Para la prevención de la fibrosis postquirúrgica conviene realizar drenaje linfático manual lo antes posible. Las sesiones pueden comenzar en el momento en el que el cirujano lo indique, aproximadamente a partir del cuarto o quinto dí­a tras la intervención, aunque en ocasiones puede ser al dí­a siguiente, inclusive con la faja. Se recomiendan alrededor de 10 a 12 sesiones, diarias durante la primera semana y posteriormente una o dos veces por semana. Por otro lado, el uso de ultrasonidosdisminuye la inflamación y la viscosidad del medio intersticial, por lo que, utilizados tras dos semanas de la intervención, ayudan a la reabsorción del edema y a disminuir la fibrosis y los hematomas ocasionales

Lifting facial

Esta técnica quirúrgica consiste en tensar los músculos faciales, eliminando el exceso de grasa y redistribuyendo la piel de la cara y el cuello. Está aconsejado en pacientes con laxitud en cara y cuello, pero cuya piel conserva cierta elasticidad. La colocación de las incisiones varía mucho según la estructura facial de cada paciente, y hay que tener en cuenta que el daño solar provoca alteraciones del ADN celular que restan a la piel viscoelasticidad y capacidad de recuperación ante las agresiones internas y externas.

Una vez realizada la cirugí­a es importante controlar y resolver el edema y los hematomas ocasionados. El drenaje linfático manual es, sin duda, el tratamiento principal a aplicar durante las 2 o 3 primeras semanas, ya que ayuda a la cicatrización del tejido, disminuye las molestias postoperatorias y acelera la recuperación. Esta técnica suave e indolora debe aplicarse a razón de una sesión diaria durante los primeros siete dí­as, para pasar a dí­as alternos en la segunda semana y al menos dos veces por semana durante dos semanas más.

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